St. ThereseVíctima del Amor Misericordioso
Sta. Teresita de Lisieux
ver también: thereseoflisieux.org

Jesus reveló a Santa Teresita su deseo de que ella se ofrezca como "víctima del amor misericordioso". Este forma de ser víctima, según Sta. Teresita, es diferente a ser vírctima de la justicia.

Jesús no pide a Teresita ser víctima de expiación sinó canal de Su infinito amor.
Junio de 1895, el "año del Sagrado Corazón”. Teresa conoció el corazón de Jesús no como justicia que exige exipiación sino como el amado que, abandonado y herido, le pide compasión, la invita a recibirlo y ser canal de Su amor. Escribe:

Pensaba en las almas que se ofrecen como víctimas de la justicia de Dios a fin de desviar y atraer sobre sí los castigos reservados a los culpables. Esta ofrenda me parecía grande y generosa, pero yo estaba lejos de sentirme atraída de hacerla. “Dios mío – exclamé en lo íntimo de mi corazón- ¿sólo tu justicia recibirá almas que se inmolan como víctimas? ¿Tu Amor Misericordioso no las necesita también?.... En todas partes lo desconocen y lo rechazan. …. Dios mío, ¿tendrá que permanecer encerrado dentro de Tu corazón tu amor despreciado? Me parece que si encontraras almas que se ofrecieran como víctimas de holocausto a Tu Amor, las consumirías rápidamente; me parece que serías feliz de no reprimir las oleadas de infinita ternura que hay en ti.

Acto de Ofrenda al Amor Misericordioso
Santa Teresita del Niño Jesús
Ofrenda de mí misma como víctima de holocausto al amor misericordioso de Dios.
La santa lo tenía siempre junto a ella en un pequeño libro de los evangelios.

¡Oh, Dios mío, Trinidad Bienaventurada!, deseo amaros y haceros amar, trabajar por la glorificación de la Santa Iglesia, salvando las almas que están en la tierra y librar a las que sufren en el purgatorio. Deseo cumplir perfectamente vuestra voluntad y alcanzar el puesto de gloria que me habéis preparado en vuestro reino. En una palabra, deseo ser santa, pero comprendo mi impotencia y os pido, ¡oh, Dios mío!, que seáis vos mismo mi santidad.

Puesto que me habéis amado, hasta darme a vuestro único Hijo como Salvador y como Esposo, los tesoros infinitos de sus méritos son míos; os los ofrezco con alegría, suplicándoos que no me miréis sino a través de la Faz de Jesús y en su Corazón ardiendo de Amor.

Os ofrezco también todos los méritos de los santos (los que están en el cielo y en la tierra), sus actos de amor y los de los Santos Ángeles; en fin, os ofrezco, ¡oh Trinidad Bienaventurada!, el amor y los méritos de la Santísima Virgen, mi Madre querida; en sus manos pongo mi ofrenda, rogándola que os la presente. Su divino hijo, mi Amado esposo, en los días de su vida mortal, nos dijo: «Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os será concedido». Estoy, pues, segura que escucharéis mis deseos; lo sé, ¡oh, Dios mío!, cuanto más queréis dar, más hacéis desear. Siento en mi corazón deseos inmensos y os pido con confianza que vengáis a tomar posesión de mi alma. ¡Ah!, puedo recibir la sagrada comunión con tanta frecuencia como lo desee; pero, Señor, ¿no sois vos Todopoderoso?... Permaneced en mí, como en el sagrario, no os apartéis jamás de vuestra pequeña hostia...

Quisiera consolaros de la ingratitud de los malos y os suplico que me quitéis la libertad de ofenderos; si por debilidad, caigo alguna vez, que inmediatamente vuestra divina mirada purifique mi alma, consumiendo todas mis imperfecciones, como el fuego, que transforma todas las cosas en si mismo...

Os doy gracias, ¡Dios mío!, por todos los favores que me habéis concedido, en particular por haberme hecho pasar por el crisol del sufrimiento. Os contemplaré con gozo el último día, cuando llevéis el cetro de la cruz. Y ya que os habéis dignado hacerme participar de esta preciosa cruz, espero parecerme a vos en el cielo y ver brillar sobre mi cuerpo glorificado las sagradas llagas de vuestra Pasión...

Después del exilio de la tierra, espero ir a gozar de vos en la Patria, pero no quiero amontonar méritos para el cielo, sólo quiero trabajar por vuestro amor, con el único fin de agradaros, de consolar vuestro Sagrado Corazón y salvar almas que os amen eternamente.
A la tarde de esta vida, me presentaré delante de vos con las manos vacías, pues no os pido, Señor, que tengáis en cuenta mis obras. Todas nuestras justicias tienen manchas ante vuestros ojos. Quiero, por tanto, revestirme de vuestra propia Justicia, y recibir de vuestro amor la posesión eterna de vos mismo. No quiero otro trono y otra corona que a Vos, ¡oh Amado mío!

A vuestros ojos el tiempo no es nada, un solo día es como mil años; vos podéis, pues, prepararme en un instante, para presentarme ante vos...
Para vivir en un acto de perfecto amor, me ofrezco como víctima de holocausto a vuestro amor misericordioso, suplicándoos que me consumáis sin cesar, dejando desbordar, en mi alma, las olas de ternura infinita que tenéis encerradas en vos y que, de ese modo, me convierta en mártir de vuestro amor, ¡oh, Dios mío!
Que este martirio, después de prepararme para presentarme ante vos, me haga finalmente morir y que mi alma se lance sin tardanza en el abrazo eterno de vuestro amor misericordioso...
Quiero, ¡oh, Amado mío!, con cada latido de mi corazón, renovar esta ofrenda un número infinito de veces, hasta que las sombras se hayan desvanecido y pueda repetiros mi amor en un cara a cara eterno...

Marie Francoise-Therese del niño Jesús y de ls Santa Faz
Fiesta de la Santísima Trinidad, 9 de junio del año de gracia de 1895.

Jesús responde a su oblación tres días después: "Yo estaba ardiendo de amor, y sentí que un momento, un segundo mas, y no hubiese podido soportar este fuego sin morir."

¿Somos dignos de recibir esta gracia?
Santa Teresita: "¿Soy digna del amor de ser elegida? Sí, porque para que el Amor sea plenamente satisfecho, necesita anonadarse, anonadarse hasta la nada y transformar esta nada en FUEGO".
"Oh Jesús! ¿Por qué no puedo decirle a todas las pequeñas almas que inexpresable es Tu condecendencia? Creo que si encontraras un alma más débil y más pequeña que la mía, lo cual es imposible, estarías complacido en otorgarle aún mayores favores, con tal que se abandonara con total confianza a tu infinita misericordia ... Sí, lo sé, y te ruego que lo hagas. Te suplico, que dirijas Tu divina mirada sobre un gran número de pequeñas almas. Te ruego que elijas una LEGION de pequeñas víctimas dignas de Tu amor ".

¿Serán muchas las víctimas de Amor?
Su Santidad Pío XI -en el curso de su canonización solemne - repitió las palabras de Sta. Teresita implorando al Señor: "Elije una legión de pequeñas almas Víctimas dignas de Tu amor." Teresita también dijo: "Se realizarán mis sueños."

¿Se ofrecerse como víctima trae mas sufrimientos?
Teresita invitó a su hermana Marie (Hermana María del Sagrado Corazón) a unirse a ella en su ofrecimiento. Marie al principio se opuso, pensando que hacer tal  ofrenda sería invitar más sufrimientos y castigos sobre sí misma. Pero Teresa explicó que no era el caso: "Yo entiendo lo que estás diciendo, pero al ofrecerse a sí mismo al amor es una cosa totalmente diferente a ofrecerse uno mismo a Su Justicia. Uno no sufre más. Se trata sólo de amar a Dios más por los que no lo aman"

Sta. Teresita conoce el Corazón de Jesús en intimidad.
A los diecisiete años Sta. Teresita escribió a su hermana Celina, quien estaba en Paray-le-Monial por el segundo centenario de la muerte de la Beata Margarita María:

Rézale mucho al Sagrado Corazón. Tú bien sabes que yo no veo al Sagrado Corazón como todo el mundo. Yo pienso que el corazón de mi Esposo es sólo para mí, como el mío es sólo para él, y por eso le hablo en la soledad de este delicioso corazón a corazón, a la espera de llegar a contemplarlo un día cara a cara…

¡Víctima de Amor! 
Sta. Teresita del niño Jesus

¡Qué dulce alegría pensar que Dios es justo!; es decir, que tiene en cuenta nuestras debilidades, que conoce perfectamente la debilidad de nuestra naturaleza. Siendo así, ¿de qué voy a tener miedo? El Dios infinitamente justo, que se dignó [84ro] perdonar con tanta bondad todas las culpas del hijo pródigo, ¿no va a ser justo también conmigo, que «estoy siempre con él»...?

Este año (1895), el 9 de junio, fiesta de la Santísima Trinidad, recibí la gracia de entender mejor que nunca cuánto desea Jesús ser amado.

Pensaba en las almas que se ofrecen como víctimas a la justicia de Dios para desviar y atraer sobre sí mismas los castigos reservados a los culpables. Esta ofrenda me parecía grande y generosa, pero yo estaba lejos de sentirme inclinada a hacerla.

«Dios mío, exclamé desde el fondo de mi corazón, ¿sólo tu justicia aceptará almas que se inmolen como víctimas...? ¿No tendrá también necesidad de ellas tu amor misericordioso...? En todas partes es desconocido y rechazado. Los corazones a los que tú deseas prodigárselo se vuelven hacia las criaturas, mendigándoles a ellas con su miserable afecto la felicidad, en vez de arrojarse en tus brazos y aceptar tu amor infinito...

«¡Oh, Dios mío!, tu amor despreciado ¿tendrá que quedarse encerrado en tu corazón? Creo que si encontraras almas que se ofreciesen como víctimas de holocausto a tu amor, las consumirías rápidamente. Creo que te sentirías feliz si no tuvieses que reprimir las oleadas de infinita ternura que hay en ti...

«Si a tu justicia, que sólo se extiende a la tierra, le gusta descargarse, ¡cuánto más deseará abrasar a las almas tu amor misericordioso, pues u misericordia se eleva hasta el cielo...!

«¡Jesús mío!, que sea yo esa víctima dichosa. ¡Consume tu holocausto con el fuego de tu divino amor...!»

Madre mía querida, tú que me permitiste ofrecerme a Dios de esa manera, tú conoces los ríos, o, mejor los océanos de gracias que han venido a inundar mi alma... Desde aquel día feliz, me parece que el amor me penetra y me cerca, me parece que ese amor misericordioso me renueva a cada instante, purifica mi alma y no deja en ella el menor rastro de pecado. Por eso, [84vo] no puedo temer el purgatorio...

Sé que por mí misma ni siquiera merecería entrar en ese lugar de expiación, al que sólo pueden tener acceso las almas santas. Pero sé también que el fuego del amor tiene mayor fuerza santificadora que el del purgatorio. Sé que Jesús no puede desear para nosotros sufrimientos inútiles, y que no me inspiraría estos deseos que siento si no quisiera hacerlos realidad...

¡Qué dulce es el camino del amor...! ¡Cómo deseo dedicarme con la mayor entrega a hacer siempre la voluntad de Dios...!

Sta. Teresita es apasionada de amor. Su corazón ha encontrado el Corazón de Jesús y los dos corazones se unen para siempre.

En el poema “Al Sagrado Corazón de Jesús,” escrito en 1895 a su hermana, María del Sagrado Corazón, revela como ella se da sin reservas a su amado como "Ofrenda de mi misma como víctima de Holocausto al Amor Misericordioso de Dios"

Yo quiero un corazón ardiente de ternura
Que me sirva de apoyo sin jamás vacilar,
que todo lo ame en mí, incluso mi pobreza…,
que nunca me abandone, ni me olvide jamás.

Cómo me has comprendido, único Amigo que amo,
Mi corazón robaste, haciéndote mortal
Y vertiendo tu sangre, ¡oh supremo misterio…!
Y aún vives desvelado por mí sobre el altar.

Si no escucho tu voz, que desborda dulzura,
Ni veo el resplandor de tu adorable Faz,
¡muy bien puedo, Dios mío, bienvivir de tu gracia
Y en tu Corazón Sacro el mío reposar!

Corazón de Jesús, tesoro de ternura,
tú sólo eres mi dicha y mi única esperanza
Pues supiste hechizar mi tierna juventud,
que nuestra unión acabe con mi postrer jornada.

¡Corazón de Jesús, yo me quiero perder
En tu dulce bondad, por siempre ilimitada!

Sé que nuestras justicias y todos nuestros méritos
carecen de valor a tus divinos ojos.
Para hacer meritorios mis pobres sacrificios,
sobre tu Corazón divino los arrojo.

Ni a tus ángeles puros encontraste sin mancha.
Destellando relámpagos nos diste tu ley de oro…
Tu Corazón sagrado, Jesús, es mi escondite,
¡no tiemblo ya, tú eres mi virtud y mi Todo…!

Para poder un día contemplarte en tu gloria,
lo sé, debo aceptar el fuego del dolor;

por eso he escogido para mi purgatorio
tu amor consumidor, ¡Corazón de mi Dios!
Mi desterrada alma, al dejar esta vida,
quisiera hace un acto del más sincero amor;
y enseguida, volando a tu Patria del cielo,
tomar como morada tu Sacro Corazón.

 

Cross
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