Perseverance in times of trial

Dear brothers and sisters,

Through the years I have seen many persons who were led by the Lord to embrace a way of life that nurtured an intimate relationship with Him, but when a great trial came they abandoned that way of life.  Usually they claim that their love for Christ has not changed, they justify themselves thinking that such way of life was not necessary for their relationship with the Lord.  Christ may call us to give up a way of life, but St Ignatius warns us that in time of tempest we should not make any moves but rather we should persevere in our way of life until we enter a time of calm and consolation.  Under trial our flesh desires to run away from what is causing pain. We do not see that the pain is necessary to expose our faults and help us grow.

The pain eclipses the blessings we receive from our way of life and puts it in a negative light. We are tempted to think that we can please God the same by choosing other ways to live a devout life that appear to be less painful. We then act in haste, without an honest process of discernment, without dialogue with those with whom we have walked thus far.

The only way to holiness is perseverance through the love of the cross. This is the wisdom of the Church since the beginning as is testified in the following instruction to the Catechumens by St Cyril of Jerusalem, father of the Church:

 

Even in time of persecution let the Cross be your joy
St Cyril of Jerusalem,
Office of Readings, February 1

MAY THE CROSS BE YOUR JOY ALSO IN TIME OF PERSECUTION

The Catholic Church glories in every deed of Christ. Her supreme glory, however, is the cross. Well aware of this, Paul says: God forbid that I glory in anything but the cross of our Lord Jesus Christ!

    At Siloam, there was a sense of wonder, and rightly so: a man born blind recovered his sight. But of what importance is this, when there are so many blind people in the world? Lazarus rose from the dead, but even this affected only Lazarus: what of those countless numbers who have died because of their sins? Those miraculous loaves fed five thousand people; yet this is a small number compared to those all over the world who were starved by ignorance. After eighteen years a woman was freed from the bondage of Satan; but are we not all shackled by the chains of our own sins?

    For us all, however, the cross is the crown of victory. It has brought light to those blinded by ignorance. It has released those enslaved by sin. Indeed, it has redeemed the whole of mankind!

    Do not, then, be ashamed of the cross of Christ; rather, glory in it. Although it is a stumbling block to the Jews and folly to the Gentiles, the message of the cross is our salvation. Of course it is folly to those who are perishing, but to us who are being saved it is the power of God. For it was not a mere man who died for us, but the Son of God, God made man.... He was not forced to give up his life: his was a willing sacrifice. Listen to his own words: I have the power to lay down my life and take it up again. Yes, he willingly submitted to his own passion. He took joy in his achievement; in his crown of victory he was glad and in the salvation of man he rejoiced. He did not blush at the cross, for by it he was to save the world. No, it was not a lowly man who suffered, but God incarnate. He entered the contest for the reward he would win by his patient endurance.

    Certainly in times of tranquility the cross should give you joy. But maintain the same faith in times of persecution. Otherwise you will be a friend of Jesus in times of peace and his enemy during war. Now you receive the forgiveness of your sins and the generous gift of grace from your king. When war comes, fight courageously for him.

    Jesus never sinned; yet he was crucified for you. Will you refuse to be crucified for him, who for your sake was nailed to the cross?

 

 

ESPAÑOL

Perseverancia en tiempos de prueba

Queridos hermanos y hermanas:

A través de los años, he visto a muchas personas que fueron guiadas por el Señor a abrazar una forma de vida que nutría una relación íntima con Él, pero cuando llegó una gran prueba, abandonaron esa forma de vida. Por lo general, afirman que su amor por Cristo no ha cambiado, se justifican pensando que esa forma de vida no era necesaria para su relación con el Señor. Es cierto que Cristo puede llamarnos a cambiar de forma de vida, pero San Ignacio nos advierte que en tiempos de tempestad no debemos hacer mudanzas, sino que debemos perseverar en nuestro modo de vida hasta que entremos en un momento de calma y consolación. Bajo prueba, nuestra carne desea huir de lo que causa dolor. No vemos que el dolor sea necesario para exponer nuestras fallas y ayudarnos a crecer. El dolor eclipsa las bendiciones que recibimos de nuestra forma de vida y lo pone todo en una luz negativa. Estamos tentados a pensar que podemos seguir agradando a Dios eligiendo otro camino que sea también devoto pero menos doloroso. Luego actuamos de prisa, sin un proceso honesto de discernimiento, sin diálogo con aquellos con quienes hemos caminado hasta ahora.

El único camino hacia la santidad es la perseverancia a través del amor a la cruz. Esta es la sabiduría de la Iglesia desde el principio, como se testifica en la siguiente instrucción a los catecúmenos por San Cirilo de Jerusalén, padre de la Iglesia:

 

De las Catequesis de san Cirilo de Jerusalén, obispo
(Catequesis 13, 1. 3. 6. 23: PG 33, 771-774. 779. 799. 802)

QUE LA CRUZ SEA TU GOZO TAMBIÉN EN TIEMPO DE PERSECUCIÓN

Cualquier acción de Cristo es motivo de gloria para la Iglesia universal; pero el máximo motivo de gloria es la cruz. Así lo expresa con acierto Pablo, que tan bien sabía de ello: “En cuanto a mí, líbreme Dios de gloriarme si no es en la cruz de Cristo.”

Fue ciertamente digno de admiración el hecho de que el ciego de nacimiento recobrara la vista en Siloé; pero, ¿en qué benefició esto a todos los ciegos del mundo? Fue algo grande y preternatural la resurrección de Lázaro, cuatro días después de muerto; pero este beneficio le afectó a él únicamente, pues, ¿en qué benefició a los que en todo el mundo estaban muertos por el pecado? Fue cosa admirable el que cinco panes, como una fuente inextinguible, bastaran para alimentar a cinco mil hombres; pero, ¿en qué benefició a los que en todo el mundo se hallaban atormentados por el hambre de la ignorancia? Fue maravilloso el hecho de que fuera liberada aquella mujer a la que Satanás tenía ligada por la enfermedad desde hacía dieciocho años; pero, ¿de qué nos sirvió a nosotros, que estábamos ligados con las cadenas de nuestros pecados?

En cambio, el triunfo de la cruz iluminó a todos los que padecían la ceguera del pecado, nos liberó a todos de las ataduras del pecado, redimió a todos los hombres.

Por consiguiente, no hemos de avergonzarnos de la cruz del Salvador, sino más bien gloriarnos de ella. Porque el mensaje de la cruz es escándalo para los judíos, necedad para los griegos, más para nosotros es salvación. Para los que están en vías de perdición es necedad, más para nosotros, que estamos en vías de salvación, es fuerza de Dios. …

Él no perdió la vida coaccionado ni fue muerto a la fuerza, sino voluntariamente. Oye lo que dice: Soy libre para dar mi vida y libre para volverla a tomar. Fue, pues, a la pasión por su libre determinación, contento con la gran obra que iba a realizar, consciente del triunfo que iba a obtener, gozoso por la salvación de los hombres; al no rechazar la cruz, daba la salvación al mundo. El que sufría no era un hombre vil, sino el Dios humanado, que luchaba por el premio de su obediencia.

Por lo tanto, que la cruz sea tu gozo no sólo en tiempo de paz; también en tiempo de persecución has de tener la misma confianza, de lo contrario, serías amigo de Jesús en tiempo de paz y enemigo suyo en tiempo de guerra. Ahora recibes el perdón de tus pecados y las gracias que te otorga la munificencia de tu rey; cuando sobrevenga la lucha, pelea denodadamente por tu rey.

Jesús, que en nada había pecado, fue crucificado por ti; y tú, ¿no te crucificarás por él, que fue clavado en la cruz por amor a ti? No eres tú quien le haces un favor a él, ya que tú has recibido primero; lo que haces es devolverle el favor, saldando la deuda que tienes con aquel que por ti fue crucificado en el Gólgota.



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