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Comunidad de Amor Crucificado

Nuestro modo de vida es Cristo, revelado en las Sagradas Escrituras y en la Sagrada Tradición y testimoniado por los santos. Somos uno en El en virtud del bautismo.

La vocaciòn de la Comunidad Amor Crucificado es vivir apasionadamente el amor de Cristo revelado en la Cruz. Es allí donde recibimos el don de Su sed, de Su mirada, de Sus lágrimas, de Su amor radical que no se reserva nada. Ahora nos llama a responderle.

El Señor le dio a la comunidad este lemä"
"Súfrelo todo Conmigo, ya nos somos dos sino UNO, en Mi sacrificio de amor".

Entramos en una alianza con Cristo y con los hermanos para vivir plenamente este amor en el corazón de la Iglesia, según nuestra espiritualidad (Camino Sencilllo de Unión con Dios)y nuestra misión. En comunidad nos ayudamos mutuamente en este modo de vida según nuestra espiritualidad (Camino de Union con Dios) y misión.

Vivir Plenamente el Bautismo.

Benedicto XVI: "El don fundamental ...es ante todo el de la filiación divina, que es participación de cada uno en la comunión trinitaria. Lo esencial es que llegamos a ser realmente hijos e hijas en el Hijo. El Bautismo, que constituye a los hombres «hijos en el Hijo» y miembros de la Iglesia, es la raíz y la fuente de todos los demás dones carismáticos. (Por tanto los fieles deben) pariticpar siempre más intensamente en el oficio sacerdotal, profético y real de Cristo, ...a edificar la Iglesia, según los dones recibidos de Dios." texto

En busca de la conversión constante

Benedicto XVI: “Conversión es ir contracorriente, donde la "corriente" es el estilo de vida superficial, incoherente e ilusorio que a menudo nos arrastra, nos domina y nos hace esclavos del mal, o en cualquier caso prisioneros de la mediocridad moral. Con la conversión, en cambio, aspiramos a la medida alta de la vida cristiana, nos adherimos al Evangelio vivo y personal, que es Jesucristo. La meta final y el sentido profundo de la conversión es su persona, él es la senda por la que todos están llamados a caminar en la vida, dejándose iluminar por su luz y sostener por su fuerza que mueve nuestros pasos. De este modo la conversión manifiesta su rostro más espléndido y fascinante: no es una simple decisión moral, que rectifica nuestra conducta de vida, sino una elección de fe, que nos implica totalmente en la comunión íntima con la persona viva y concreta de Jesús. ...La conversión es el "sí" total de quien entrega su existencia al Evangelio, respondiendo libremente a Cristo, que antes se ha ofrecido al hombre como camino, verdad y vida, como el único que lo libera y lo salva.” -Miércoles de Ceniza 2010

Al principio los comprometernos pueden parecer una carga, pero el Señor nos prometió: “Mi yugo es suave y Mi carga ligera.” – Mateo 11:30. "La santidad no consiste ante todo de hacer cosas extraordinarias sino de permitirle a Dios actuar"  -Papa Francisco. La gracia de Dios hace que este modo de vida sea libertad y gozo porque se fundamenta en el amor. Nos prepara para recibir una vida nueva en el poder del Espíritu Santo.

La Venerable Concepción Cabrera de Armida: “Propongo hacer siempre lo más perfecto. Propongo buscar en todas las cosas a Jesús y Su Cruz conforme a Su Voluntad Santísima. Propongo buscar prácticamente los intereses de Cristo y no obrar según mis intereses o amor propio. ...No me inquietaré si las circunstancias me impiden observar mi regla de vida. Seguiré tranquila. Seré flexible frente a las dificultades, humilde... entonces, adelante, ¡siempre adelante!” – Extracto de su “Regla de Vida”, 21 de agosto, 1894

Nuestro modo de vida consiste en los siguientes compromisos:
Todos son uno: Unión con Cristo en Su pasión de amor.

1. Víctimas de amor en Cristo
2.
Eucaristía

3. Docilidad al Espíritu Santo
4. Consagración Mariana
5. Fidelidad a nuestro estado de vida
6. Obediencia a la Madre Iglesia
7. Humildad y Secillez
8. Confesión y perdón
9. Oración + Ayuno + Sacrificio
10. Ofrecimiento por los demás; por los sacerdotes
11. Servicio
12. Estudio
13. Evangelización
14. Acompañamiento
15. Comunidad


1. Víctimas de amor en Cristo

Rom.12:1-2 “Os exhorto, pues, hermanos, por la Misericordia de Dios, a que os ofrezcáis a vosotros mismos como un sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. Tal debería ser vuestro culto espiritual. Y no os acomodéis a la forma de pensar del mundo presente; antes bien, transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la Voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto.”

Concilio Vaticano II: "Enseñen.. a los fieles a ofrecer al Padre en el sacrificio de la misa la Víctima divina y a ofrendar la propia vida juntamente con ella." 

Ver el acto de oblación de Sta. Teresita como alma victima de amor y sus razones para hacerlo >>> . Jesús le pide ser víctima, pero no víctima de la justicia divina sino de Su amor misericordioso para ser canal de Su infinito amor.

Nos entregamos a Jesús sin reservas para ser uno con EL.

Desde el momento de la Encarnación, la Vida de Jesús fue una ofrenda como Víctima de Amor al Padre. Ésta fue Su crucifixión interior, la cual culminó en la Cruz.

En el Bautismo nos hicimos UNO con Cristo, Uno en Su Sacerdocio Real, UNO como víctimas de amor, participando en Su ofrenda del Sacrificio de Sí Mismo.

Nuestro cuerpo, alma, voluntad, pensamientos, opiniones, palabras, tiempo, trabajo…TODO lo que somos, es uno con Cristo, en unión con el Espíritu Santo, una ofrenda de amorosa obediencia al Padre.

Como miembros de Su Cuerpo, decimos con San Pablo: “Yo estoy crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí: la vida que sigo viviendo en la carne, la vivo en la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí..” Gal. 2: 19-20

Cristo debe reinar en nuestros corazones. Ésta es nuestra identidad y alegría. Todos los otros compromisos en nuestro modo de vida deben vivir esto a plenitud.

2. Eucaristía

La Eucaristía es nuestra vida. La Fuente y Cumbre de todo lo que somos y hacemos.

En la Santa Misa nos unimos a Jesús en Su total Sacrificio de Amor al Padre. Vamos para morir a nosotros mismos y para recibir nueva vida en Él. Nos convertimos en hostias vivas. “La Eucaristía nos desprende de nuestro individualismo, nuestras particularidades que excluyen a los demás, para formar de nosotros un solo cuerpo”

  Desearemos asistir a Misa diaria y tiempo semanal de adoración cuanto sea posible.

Nos ofrecemos con Jesús al Padre durante la Consagración de Su Preciosísima Sangre.

3. Docilidad al Espíritu Santo

Todo lo que Jesús hizo y dijo fue en el Espíritu Santo. Jesús dio Su Vida en la Cruz para que nosotros pudiésemos recibir el Mismo Espíritu Santo. Él es la Vida de María y de todos los santos.

Habiendo recibido el Espíritu Santo en el Bautismo, deseamos ceder totalmente a Su Presencia y acción en nosotros. Invocamos al Espíritu Santo en el Bautismo en el Espíritu Santo.

Oramos para que el Espíritu Santo nos transforme, pobres pecadores, en santos; dándonos las virtudes y carismas para glorificar a Dios y servir a la Iglesia.

El Espíritu Santo debe dirigir todo nuestro ser: mente, cuepor y alma. Nuestro GOZO debe ser un signo del Espíritu. “Regocijaos siempre en el Señor” Cf. Flp.4:4

4. Consagración a María

María se entregó totalmente a Dios, y en unión a Su Hijo. Ella compartió Su Pasión como víctima con la Víctima. Hacemos nuestra consagración total a Jesús por María. Nos comprometemos a ser perennemente “Totus Tuus” (Todo Tuyo). Nuestra consagración es una renovación de nuestra promesa Bautismal. Nos encomendamos como hijos bajo el cuidado Maternal de Nuestra Madre María.

Utilizamos el libro de consagración “33 Days of Morning Glory – Preparation to Marian Consecration” (33 Días de Gloria Matutina – Preparación para la Consagración Mariana), por el Padre Michael E. Gaitley, MIC, Marian Press.

Renovamos nuestra consagracion cada día. Como comunidad somos un rosario vivo permanentemente ofrecido al Padre con nuestra Madre.

5. Fidelidad a nuestro estado de vida

Abrazamos nuestro estado de vida (solteros, casados, viudos, sacerdotes, consagrados…) como la identidad que Dios nos ha dado, el camino de santidad y unión con Dios. La comunidad honra y apoya el estado de vida de cada miembro.

Unimos a Cristo, los deberes cotidianos de nuestra vocación, nuestros sufrimientos y gozos; haciendo todo de corazón por amor a Él.

Los compromisos familiares toman presedencia sobre los compromisos comunitarios.

6. Obediencia a la Iglesia

Como humildes hijos de la Iglesia Católica, hacemos voto de
Obediencia a la Voluntad de Dios (“Hágase Tu Voluntad”)
Obediencia a la Iglesia. “Sentire cum Ecclesia” (Pensar, y ser un solo corazón, con la Iglesia)

7. Humildad y Sencillez

HUMILDAD

  • Dios se humilló para hacerse Hombre. Nos dio buen ejemplo, lavando los pies de Sus apóstoles.
  • La humildad nos ayuda a ver que nuestra vida y todo lo que poseemos viene de Dios. Por tanto, le agradecemos todo, aun las pruebas y sufrimientos.
  • La humildad nos libera del peso de la vanidad (atención a uno mismo), para dar así, gloria a Dios. (Cf. Gal. 6, 14)

SENCILLEZ

  • Seguimos a Cristo, Quien por nosotros se hizo Pobre.
  • Cristo es el Señor de nuestra vida. Por consiguiente, es Señor de todo lo que es nuestro. Somos sólo administradores de lo que en verdad le pertenece a Dios.
  • Maria y los santos nos enseñan nos enseñan la vida de pobreza evangélica.
  • Los casados toman las decisiones entre ellos y la comunidad no juzga. 

8 Confesión y perdón

Somos pecadores, siempre confiando en la Misericordia de Dios.

Nos confesamos frecuentemente. “La confesión renovada periódicamente, la llamada confesión ‘de devoción’, siempre ha acompañado el asenso a la santidad en la Iglesia.” Juan Pablo II, al Sagrado Penitenciario Apostólico, Roma, 30 de enero de 1981. Ver también el Catecismo #1458.

El arrepentimiento y la conversión son parte de la confesión.

Habiendo sido perdonados por Dios, nos disponemos a perdonar al prójimo.

9. Oración + Ayuno + Sacrificio

Dedicamos tiempo a la oración diariamente.
Rezamos el rosario diario.

Oramos conscientes de que Dios está siempre con nosotros. Mientras cumplimos con nuestros deberes, apostolados, etc., debemos imitar a María en su meditación de la Palabra en su corazón. Vamos a la Cruz, a interceder, escuchar, adorar, alabar y dar gracias al Señor.

Hacemos ayuno los viernes en unión a la Pasión de Cristo. Cada uno decide como ayunar. Si es posible, observamos la recomendación de la Iglesia, absteniéndonos de carne los viernes.

REPARACIÓN y SACRIFICIO en unión con Cristo como nos pidió La Santísima Virgen en Fátima y en otros sitios. También Jesús se lo pidió a la Venerable Conchita y a Santa Faustina.

Consolar a Jesús y María en Su sufrimiento por las almas.

10. Ofrenda por los demás; por los sacerdotes

Ofrecemos nuestra vida por todos, especialmente por aquellos que Dios ha puesto en nuestro cuidadö: Nuestra familia, hermanos de comunidad, el Papa, los obispos y sacerdotes. Rogamos para que, con la renovación de los sacerdotes, se apresure el nuevo Pentecostés (cf.Conchita)

Nuestra ofrenda es en unión con Jesús y María. Incluye todo lo que hacemos y se entrega en la Santa Misa.

11. Servicio motivado por amor

El servicio es una expresión indispensable del amor. Servimos con nuestros deberes diarios y lo que el Espíritu Santo nos presente.

Amor

  • El Amor de Cristo debe ser nuestra motivación en todo.
  • Su Amor es el Amor Crucificado que extermina el egoísmo y da vida.
  • El amor guía el modo de hablar a los demás.
  • Nuestra lengua está consagrada al Señor. El chisme es un pecado que destruye la comunidad. Hasta los chistes deben ser agradables al Señor.

“Todos conocerán que sois discípulos Míos en una cosa: en que os tenéis amor los unos a los otros.” (Juan 13:35)

“Este es Mi mandamiento: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos.” (Juan 15:12-13)

Servicio

  • Servir en imitación a Jesús, Quien vino a servir, no a ser servido.
  • Servir sin esperar nada a cambio. Todo lo que los demás hagan por nosotros es un regalo, el cual agradecemos. Solidaridad con los que sufren.
  • Obras de Misericordia
  • Ofrecemos los pruebas diarias para vencer la carne y servir con amor.

12. Estudio

Estudiamos la Sagrada Biblia, el Catecismo, el Magisterio de la Iglesia, la vida de los Santos. Mas

Estudiamos el Camino de Union con Dios que es la espiritualidad de la comunidad.

Seguimos las enseñanzas del Papa.

13. Evangelización

Nuestra vocación Bautismal nos llama a dar testimonio de nuestra Fe en cada oportunidad. Evangelizar es el mayor regalo que podamos brindar.

14. Acompañamiento

Cada miembro tiene un acompañante para asistirle a escuchar al Señor y crecer en la fe y espiritualidad de la comunidad. El acompañamiento de luces pero cada persona es responsable de hacer sus propias decisiónes en oración ante Dios.

El acompañamiento es mensual. El que es acompañado es responsable de pedir la cita mensual.

Además del acompañante, los miembros pueden tener su director espiritual a su elección.

El acompañamiento no sustituye las decisiones en los matrimonios.

Mantener un diario espiritual nos ayuda a seguir la Guía del Señor. Anotamos lo que nos dice en oración, nuestras preocupaciones, respuestas y resoluciones. Luego, podemos así volver a leer lo escrito, reflexionando y renovando nuestro compromiso. Aunque el diario es privado, podemos compartirlo si nos sentimos llamado a hacerlo.
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15. Comunidad

A pesar de que nuestros hogares estén apartados unos de otros, nuestros corazones están unidos por El Espíritu Santo para formar una familia dentro de la Iglesia.

La separación física no previene la presencia espiritual entre las personas que nuestro Señor ha unido por lazos de Su santo amor. Cuanto más fuerte crezca este amor dentro de nosotros, más cercanamente nos une.
- Santa Luisa de Marillac.

Nuestra comunión con Cristo la vivimos en comunion unos con otros, para ser uno en amor, en medio de las pruebas y retos del camino.

Abrazamos el modo de vida y espiritualidad de la comunidad, y nos ayudamos mutuamente a vivirla.

Como un solo cuerpo, estamos atentos a las necesidades de otros, tanto en servicio como en oración.

Cenáculos

  • Participamos en los cenáculos semanales y otras reuniones de la comunidad. Acogemos en nuestros corazones las enseñanzas y guía de Nuestro Señor.
  • Aquellos que pueden, se reúnen en persona para participar en los cenáculos.

Nos comprometemos a vivir este modo de vida, fieles a Cristo, a Su Iglesia, a nuestra familia doméstica y a nuestra familia de Amor Crucificado. Cf. Catecismo #953

“[El modo de vida del Cristiano] exige un conocimiento personal de Jesús, un contacto íntimo de amor con Él en la oración cotidiana, en la meditación de la Palabra de Dios, en la fidelidad a los Sacramentos, a la Eucaristía, a la confesión; exige comunicar el gozo de ser parte de la Iglesia, de tener amistades con quien compartir, no solamente los problemas, sino también las bellas cosas y sorpresas en la vida de fe” – Benedicto XVI, 30 de octubre, 2010.

La vida escondida tiene la fuerza de Dios, cuando se vive en unión con Jesús, Oculto en la Eucaristía. En la vida oculta se encuentra la Fuerza de Dios que transforma al mundo. Por tanto, cuando nos entregamos, entregamos a Cristo.

Cruz Interior
Venerable Conchita: “La Cruz interior de Nuestro Señor comenzó con Su Encarnación y fue consumada cuando Él entregó Su Espíritu en las Manos de Su Padre.” – Diario Espiritual, pg. 187

“En la Cruz exterior que todos ven, fui Víctima agradable al Padre derramando Mi Sangre, pero la Redención fue realizada principalmente, por medio de la Cruz interior.” – Diario Espiritual, 7 de septiembre, 1896

Jesús nos llama a cada uno a unir nuestra cruz interior a la Suya, y así amarlo a Él y compartir en la Redención. Regalemos las rosas y retengamos las espinas.
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