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ESTUDIO

Cada día, al meditar la Biblia, preguntémosnos:

*Señor, ¿qué me dice a mi este texto?
*¿Qué quieres cambiar de mi vida con este mensaje?
*¿Qué me molesta en este texto? ¿Por qué esto no me interesa?
*¿Qué me agrada?
*¿Qué me estimula de esta Palabra?
*¿Qué me atrae?
*¿Por qué me atrae?
Cuando uno intenta escuchar al Señor, suele haber tentaciones. Una de ellas es simplemente sentirse molesto o abrumado y cerrarse; otra tentación muy común es comenzar a pensar lo que el texto dice a otros, para evitar aplicarlo a la propia vida. También sucede que uno comienza a buscar excusas que le permitan diluir el mensaje específico de un texto
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–Papa Francisco, Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, n. 153

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